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Presentación del libro
HÉROES Y TRAIDORES, Historia de un niño adulto

de Armando Rodríguez Vallina
  » Acto en Gijón, 23.09.2010

 
Acto Presentación
HÉROES Y TRAIDORES, Historia de un niño adulto
de Armando Rodríguez Vallina
HÉROES Y TRAIDORES
La presentación correrá a cargo de
Francisco Prado Alberdi
Presidente de la Fundación Juan Muñiz Zapico
y contará con la intervención de
Paz Fernández Felgueroso
Alcaldesa de Gijón
Alejandro M. Gallo
escritor
y Armando Rodríguez Vallina
autor de la obra
Jueves 23 de septiembre de 2010 a las 19:00 h.
En el Salón de Actos del Antiguo Instituto Jovellanos de Gijón
Esta es la historia novelada de la década que transcurre entre 1939 y 1949, en la que Armando Rodríguez Vallina nos acerca a sus vivencias familiares como enlaces de los fugaos, como coloquialmente se denomina a los guerrilleros antifranquistas en asturias. Desde su tierra de Blimea conoció a muchos de los protagonistas directos de aquella lucha desigual y cruel, sufriendo en sus propias carnes la represión. Exilado en Francia, donde se licenció en Ciencias Políticas y Urbanísticas en la Universidad de la Sorbona, a su regreso a España tras la Dictadura fue el promotor de la constitución de COVIBAR (Cooperativa de Viviendas Baratas) que ha desarrollado su actividad en el municipio de Rivas Vaciamadrid.
Por deferencia del autor, en el acto se entregará un ejemplar del libro a los asistentes.


PRENSA
 
Rodríguez Vallina cumple el deseo de contar su niñez en el viejo Instituto
La Nueva España, 24 de septiembre de 2010

El promotor de viviendas baratas presentó el libro «Héroes y traidores»

J. M. C.

Armando Rodríguez Vallina y Paz Fernández Felgueroso
Armando Rodríguez Vallina y Paz Fernández Felgueroso, en la presentación. [Foto: Marcos León]
Armando Rodríguez Vallina, nacido hace ochenta años en Blimea, cumplió anoche un deseo: presentar su libro «Héroes y traidores. Historia de un niño adulto», en las dependencias del Antiguo Instituto de Jovellanos, donde hacía los exámenes del Bachillerato que cursaba en Sotrondio.

En las páginas de su libro, el segundo que publica tras el titulado «Una ciudad en el desierto», en el que relata la operación para construir, con una cooperativa, miles de viviendas en Rivas Vaciamadrid, cuenta su niñez en la primera década de la posguerra, entre 1939 y 1949. Historias familiares, de enlaces, de «fugaos», de lucha clandestina.

Francisco Prado Alberdi, presidente de la Fundación «Juan Muñiz Zapico», que hizo de presentador del acto, definió a Armando Rodríguez como un hombre que siempre se guió en la vida «comprometiéndose con los más débiles».

Por su parte, Alejandro Gallo, autor de novela negra y jefe de la Policía Local de Gijón, hizo una advertencia literaria a los presentes en el acto, que tuvo lugar en el salón de actos del Centro de Cultura Antiguo Instituto: «La lectura de este libro no debe abordarse como una novela, pues no es una novela; no lo lean como un libro de historia tampoco; hay que leerlo como un testimonio».

La alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, antes de que tomara la palabra el autor de «Héroes y villanos», quiso agradecer públicamente a Armando Rodríguez Vallina, de parte de «todos los demócratas», que «cuente una época que no se puede repetir».

Por último, Armando Rodríguez Vallina, que hace varios meses presentó el libro en Rivas Vaciamadrid, que sirvió para que los vecinos, y particularmente los de la cooperativa Covibar (Cooperativa de Viviendas Baratas), aprovecharan la presentación para homenajearle, afirmó que escribió el libro para «contar la historia de los que murieron por unos ideales». La próxima primavera tiene previsto publicar su tercer libro, también relacionado con su vida.




«Cuando entran armados por tu ventana, algo va mal»
El Comercio Digital, 24 de septiembre de 2010

Armando Rodríguez Vallina presenta su libro 'Héroes y traidores. Historia de un niño adulto', que relata cómo vivió la postguerra

Macarena Arreseigor

Héroes y traidores. Historia de un niño adulto
Armando R. Vallina, Paz Fernández Felgueroso, Martínez Gallo y Francisco Prado Alberdi.
[Foto: Paloma Ucha]
¿Cómo se debe abordar 'Héroes y traidores'? No como una novela y tampoco como un libro de historia. «Hay que leerlo como lo que realmente es: un testimonio de lo que sucedió en la postguerra española». Con estas palabras Armando Rodríguez Vallina abrió la presentación de su libro 'Héroes y traidores. Historia de un niño adulto', en el Centro de Cultura Antiguo Instituto. Rodríguez Vallina estuvo acompañado por Francisco Prado Alberdi, presidente de la Fundación Juan Muñiz Zapico, el escritor Alejandro M. Gallo y la alcaldesa de Gijón, Paz Felgueroso. Todos ellos le mostraron su agradecimiento por reflejar fielmente «nuestra historia».

El libro es la historia de España entre 1939 y 1949, época de hambre y represión política, vista desde los ojos asombrados de un niño (Armando Rodriguez Vallina). «Cuando vi entrar a hombres armados por mi ventana, empecé a sospechar que algo iba mal», explicaba Rodríguez, que por aquel entonces era un crío y fue en ese momento cuando se dio cuenta de que estaban en guerra. Un niño que va creciendo y haciéndose un hombre y que termina por exiliarse a Francia, como tantos otros. Allí no perdió el tiempo y estudió en la Universidad de la Sorbona donde obtuvo el título de licenciado en técnico en Ciencias Económicas y Urbanismo.

«Amante de la libertad», Rodríguez Vallina se fue de España y de su Gijón natal para retornar años más tarde y escribir este libro, que «es una novela dividida en 24 capítulos y que se lee rápidamente, por su estilo entre eficaz y ameno». Tras su regreso del exilio, quiso reflejar lo sucedido a miles de familias de un bando que buscaron esa «libertad que para él y su familia se truncó un fatídico catorce de febrero de 1949...».




Armando Rodríguez Vallina
Presidente de Covibarges y autor de «Héroes y traidores»
«Nunca acepté ningún negocio deshonesto, pese a que recibí incluso amenazas»
La Nueva España, 22 de septiembre de 2010

«¿El Pocero Rojo? Hay una gran diferencia, uno va a la especulación y a mí nunca me cogerán en eso, jamás»

J. L. Argüelles

Armando Rodríguez Vallina
Armando Rodríguez Vallina.
[Foto: Ángel González]
Es uno de los inventores del cooperativismo español de vivienda obrera. Aseguran que gracias a su ingenio se levantó una ciudad en los secarrales de Rivas Vaciamadrid. Tiene ochenta años, pero Armando Rodríguez Vallina aún preside Covibarges, una promotora inmobiliaria que, según su creador, tiene como lema vender los pisos a su precio justo. En Gijón, donde mañana (Antiguo Instituto, a la siete de la tarde) presentará su segundo libro, su empresa ha comprado terrenos en Granda, aunque acude a la ciudad para hablar de «Héroes y traidores», la historia novelada de su dura posguerra en Blimea. En esta entrevista este asturiano emprendedor y tranquilo pasa revista, sin rencor, a una biografía tan agitada como singular.

-¿Recuerda con amargura su infancia y su adolescencia en Blimea?

-Pese a la dureza de aquella época, no reniego de ella. Por mi casa paraban los fugaos, los guerrilleros, desde Mata y Flórez, que eran amigos de mi padre, a Boger o Manolo Caxigal. Al principio decían que eran tíos nuestros. Mi padre era socialista y mi madre comunista, por lo que en mi casa, hasta 1947 o 1948, cuando se separó la guerrilla, entraban todos. Yo preguntaba, claro, porque veía que entraban por la ventana de atrás de la casa y que dejaban armamento debajo de la cama. Hasta que mi madre nos lo explicó alertándonos del peligro que corríamos. Nos convertimos en sus cómplices y empezamos a hacer labores de vigilancia.

-¿Su casa de Blimea era un punto de encuentro de toda la guerrilla asturiana?

-Sí, por allí pasaron todos. También Fernández Ladreda (Ferla), los Castiello, los Caxigales... Junto a nuestra casa había un refugió y allí estaba la propaganda que los chavales llevábamos a un sitio y otro.

-En «Héroes y traidores» cuenta la gran caída de la guerrilla asturiana en enero del 48...

«Mi padre era socialista y mi madre comunista, así que en mi casa de Blimea paraban todos los fugaos»

-Mi madre tenía mucha intuición política y se olió la traición, que la operación de la entrega de armas era una trampa. Fue lo que salvó en aquel momento a mi familia y, también, a Manolo Caxigal. Éste era un paisano, muy reflexivo, de dar consejos, de familia minera. A su hermano Aurelio, que operaba por la zona de Infiesto con los Castiello, lo conocí menos.

-¿Cómo se las arreglaba su familia?

-Provengo de una familia minera y éramos seis hermanos. Mis padres querían que estudiáramos, así que yo hacía el Bachillerato en Sotrondio y me examinaba en Gijón, en el Jovellanos. Nuestro nivel de vida era bueno para las condiciones económicas de aquellos años, y estábamos muy metidos en aquella lucha contra la dictadura; teníamos la impresión de jugar un papel importante.

-... Pero pasarían miedo.

-Bueno, pensábamos que aquello contra lo que luchábamos, el franquismo tenía que caer. Yo me relacionaba con los hijos de muchos falangistas y procura sacar información de las redadas.

-¿Cómo detienen a su familia?

-Fue el 14 de febrero de 1950. Cayeron mis padres y mis hermanos mayores por colaborar con la guerrilla. Aguantamos desde el final de la guerra (en Asturias, en octubre de 1937). Nosotros ya sabíamos que iban a detenernos. El 7 de febrero mataron a Manolo Caxigal y a su grupo. El delator fue Sabugo, que había estado en nuestra casa y tenía unos antecedentes intachables. Entra en Asturias a reorganizar el PCE, pero empezamos a saber que está en manos de la Policía. Y así fue. Sabugo trató de inculpar al cura don Félix, pero mi madre le dijo a la cara, cuando se presentó esposado en nuestra casa con la Guardia Civil, que no, que el traidor era él. En la detención golpearon a mi padre y, en un momento de confusión, logré escapar.

-¿Y tras la fuga?

-Me fui a esconder en La Güeria de Carrocera. A las dos semanas decidí regresar a casa para hacerme cargo de mis dos hermanos pequeños. Nadie fue a detenerme y busqué trabajo como delineante en el pozo Sotón, pero unos meses después me salieron al paso dos policías en Blimea, me llevaron al cementerio y me dieron una paliza de muerte.

«Tuve suerte y nunca me detuvieron pese a que entre 1950 y 1959 me dediqué a la organización del PCE»

-¿Continuó con su militancia?

-Sí, en el PCE. Tuve suerte, porque en esos años, hasta 1959, en que logré pasar a Francia, nunca me detuvieron pese a que cayó, por ejemplo, un cuñado mío.

-¿Cuál era su labor?

-Hacía todo, principalmente en tareas organización del partido. Coincidí con Mario Huerta, que le llamábamos «el del sacu», y más tarde, con Inguanzo («El Paisano»).

-¿Y por qué decide irse a París?

-Sabía que me iban a detener, así que pasé a la clandestinidad, en casas de gente del partido, en Mieres, Gijón, Oviedo... Estuve seis meses en esa situación, hasta que la dirección del partido decidió que saliera de España. Y lo hice en 1959, con identidad falsa.

-¿Cómo le recibe la dirección del PCE?

-Me preguntan qué quiero hacer. Y decidimos que prosiga mis estudios, así que empiezo a estudiar Ciencias Económicas en La Sorbona y, en épocas de vacaciones, hago viajes a España para contactar con las organizaciones del partido en Asturias. Posteriormente, en 1967, estudio también urbanismo como consecuencia de mi trabajo en un gabinete urbanístico del PCF.

-¿Vive solo?

-Al principio, sí; después logramos que mi mujer y mi hijo salieran de España.

-¿Y la relación con Carrillo?

«El beneficio que yo saco es muy pequeño, casi nulo; somos una empresa con más de 100 empleados»

-En los años setenta nos enfadamos. Me parecía que tenía una concepción errónea de la situación española, algo que ya había dicho Semprún. Nunca rompí la relación con el PCE, pero dejé de militar.

-Regresa a España en 1977.

-Vi las condiciones y que en Asturias no podía hacer lo que yo quería. Mi objetivo era emprender algo inspirado en lo que se estaba levantado en Evry, a ochenta kilómetros de París, con un concepto de ciudad habitable. Y encontré en Madrid a un señor que tenía un plan parcial metido en un cajón, aprobado durante el franquismo. Pasé dos meses en París y estudié el asunto. Pero tuve que hacer una tramitación nueva de todo el plan. En 1978 planteé el asunto de hacer un desarrollo mediante cooperativa y hacer viviendas para los trabajadores.

-¿Es el nacimiento de Cooperativa de Viviendas Baratas (Covibar)?

-Sí. Envié cartas a Marcelino Camacho y a Nicolás Redondo. Respondió CC OO y me ofreció un local en la calle Españolito. A través de comités de empresa empecé a dar charlas y a explicar a los trabajadores lo que quería hacer. El interés empezó a crecer.

-Tuvo el apoyo de Tierno Galván.

-Sí, cuando vio que el proyecto iba adelante. Quien más apoyó fue Ramón Tamames, que era concejal y a quien yo conocía de París. El gran problema era la financiación. Se me ocurrió concentrar en una sola sucursal bancaria de Caja Madrid las aportaciones de los cooperativistas (diez mil pesetas en efectivo y cuarenta letras). Creaba mucha confianza cuando les decía que era asturiano e hijo de mineros. Una vez hecha esta operación, que sumaba el dinero de mil ochocientos cooperativistas, escribí al presidente de Caja Madrid pidiéndole una entrevista. En marzo de 1983 entregamos las primeras 703 viviendas en Rivas Vaciamadrid, pero se hicieron, además, equipamientos. Después, como ya sabe, explosionó todo aquello. No se hizo otra cooperativa en España de ese volumen.

«Llevo construidas unas 14.300 viviendas y a final de este año entrego otros 340 pisos en Rivas Vaciamadrid»

-Después funda Covibarges, que ya es una promotora inmobiliaria.

-Sí, llevo construidas catorce mil trescientas viviendas. A final de este año entrego otras trescientas cuarenta, en Rivas. Cuando empezaron las últimas viviendas de Covibar, en 1994, planteé hacer la empresa. Creo que en Madrid, pese la crisis, nadie construye tanto como nosotros. ¿Por qué ? Pues porque el beneficio que yo saco es muy pequeño, casi nulo. Somos una gestora y una constructora. Ahora tenemos más de cien empleados, pero cuando estamos en obra el número de trabajadores es mayor. Construimos aún a buen ritmo, pero la crisis se nota muchísimo. Procuro poner nombres asturianos a las urbanizaciones: la Escandalera, Palacio Valdés, Clarín...

-¿Le molesta cuando le llaman «El Pocero Rojo»?

-Hay una gran diferencia: uno va a la especulación, y a mí nunca me cogerán en eso, jamás. Hubo muchos promotores que intentaron hacerse con la finca del duque de Rivas, de 450 hectáreas, pero éste sólo aceptó vendérmela a mí. Sin embargo, quien se hizo rico con la recalificación de esos terrenos fue el Ayuntamiento de Rivas, porque asumimos una muy importante cesión de suelo para industria, equipamientos, viviendas sociales, hasta del cuarenta y seis por ciento.

-¿Qué piensa cuándo ve tantos casos de corrupción?

-Todo el mundo pide, ofrece...

-¿Le han llegado a proponer negocios deshonestos?

-Sí, bastantes.

-¿Puede decir quién?

-No, porque nunca acepté. He recibido incluso amenazas. Hay gente honesta y deshonesta en todos los lugares, incluidos los partidos. A mí IU nunca me ha pedido nada.