Prólogo de Marcelino Camacho

Entre los que asistimos al entierro multitudinario de nuestro querido amigo y compañero Juanín, hubo algunos amigos que consideraban que su vida, aunque corta, había sido tan rica, tan intensa, que recogerla en una breve biografía, además de ser un homenaje merecido, podría ser útil; de alguna manera prolongaría la aportación de Juan Marcos Muñiz Zapico, al Movimiento Obrero, después de muerto.

Alguien me invitó a escribir unas líneas a modo de introducción, aunque creo que su vida habla por sí sola y no tiene necesidad de presentación; responder afirmativamente es para mí, además de una obligación, un honor.

En los años de cárcel, que antes y durante el proceso 1001 me tocó vivir con él, lo mismo que en el curso del tiempo en que convivimos en el Secretariado de CC.OO., fueron muchos y variados los rasgos altamente positivos que le caracterizaban. De todas formas, y aun a riesgo de ser injusto, creo que cinco rasgos humanos destacaban entre los demás:

1º SU GRAN DISPONIBILIDAD para luchar contra toda injusticia, ya fuera en el trabajo o en la cárcel. Juanín «saltaba» rápidamente, en la asamblea o en la reunión, en la calle o en la prisión. De tal forma lo hacía, que siempre aparecía elegido para formar entre los primeros, para estos cometidos llenos de riesgos personales.

2º SU HUMANISMO, sin duda, correspondía al de sus ideas, al de su clase, al de su partido, al de las CC.OO., pero sería incorrecto encuadrarlo sólo dentro de lo colectivo. Personalmente lo sentía, lo practicaba, se sacrificaba por él. Recuerdo que en una ocasión, en la prisión de Carabanchel, en 1973, nos habían trasladado de la sexta galería, en la que estábamos unos pocos aislados, a la tercera, donde le tenían a él con la casi totalidad de los presos políticos; la galería tiene dos salas: una que da al Norte, y es fría, y otra orientada al Sur, más cálida por dar el sol casi todo el día. Los que llegan allí pasan normalmente a la que da al Norte, porque las caldas se ocupan por orden de antigüedad en la galería. Él, que estaba junto con Soto, en una zona soleada, al pasar yo a la tercera galería, y teniendo en cuenta mi pequeña historia cardiovascular, me propuso pasarse ellos a mi celda húmeda y fría y dejarme a mi la suya. Yo lo rechacé, pero cuál no sería mi sorpresa, cuando subí al patio, al ver que mis trastos y libros los habían cambiado en el curso del paseo. Me habían dejado su celda.

3º SU GRAN PLASTICIDAD LE PERMITÍA VER RÁPIDAMENTE LO QUE NACÍA. CC.OO., movimiento obrero sindical de nuevo tipo, han pasado por diferentes fases en su proceso de autocreación, la última cuando decidimos -en aplicación de los acuerdos de Barcelona- desarrollar la organización, afiliar y acelerar la constitución de la Confederación Sindical de CC.OO. Su gran sensibilidad le permitió no sólo ver lo nuevo de esta situación, sino adaptarse rápidamente al cambio, asumirlo en profundidad.

4º SU CAPACIDAD PARA EL ESTUDIO le llevó a considerar la necesidad de una formación permanente, y además de estudiar, como la mayoría de los presos políticos, para mejorar sus conocimientos, aprobó el ingreso en la Universidad a Distancia y comenzó el primer curso de Económicas.

5º SU CARÁCTER ABIERTO, junto con la comprensión de la importancia de la unidad sindical y política de las fuerzas obreras y democráticas, hacían de Juanín el interlocutor ideal para todas las fuerzas de la oposición. En la calle o en la cárcel siempre figuraba en las delegaciones de CC.OO. encargadas de discutir y negociar.

Muchas otras características, de más peso incluso, serán señaladas en esta biografía. Yo he querido recoger estas cinco. Más que tratar del militante-hombre, que se hará en el resto de las páginas, he querido hablar del hombre-militante.

Su vida y su lucha, sus obras y sus ideas, contribuyeron grandemente a esta Confederación Sindical, cada vez más fuerte, cada vez más unitaria, cada vez más organizada, que estamos construyendo: la Confederación Sindical de Comisiones Obreras.

7 de marzo de 1977
MARCELINO CAMACHO

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