La vida de Juanín
A las cinco de la mañana

Tras finalizar los estudios primarios con buena calificación, Juanín tiene que ponerse a trabajar, y a los quince años entra de aprendiz en Talleres Aguinaco, de Mieres. Era el 5 de junio de 1957. Mientras puede, alterna su trabajo con el estudio y acude a la escuela de la Maestría Industrial, donde realiza los dos primeros cursos en un año. Son tiempos de ilusión, pero también de fatiga y sacrificio. «Salía de casa a las cinco de la mañana, acompañado de mi padre -recordaba no hace mucho-. Él iba a la mina y yo al metal, en Mieres. Eran momentos difíciles, en los que sobre la base del sacrificio general de los trabajadores se estaba imponiendo una nueva política económica. Concretamente eran los años 58, 59, 60 y 61, en que los obreros comenzaban a tomar conciencia de sus problemas, al tiempo que superaban el miedo de la etapa anterior. Desde entonces comencé a vivir los problemas económicos en tanto que trabajador, así como los problemas referentes al sindicato que se nos había impuesto.» En esta primera época participa, junto con sus compañeros, en pequeñas acciones reivindicativas, especialmente contra las horas extras, que hacían agotadoras las jornadas, y que a él le imposibilitaban la normal asistencia a la escuela.

Este pronto despertar a la problemática laboral y sindical se debe, según él mismo explicaría, a las siguientes causas: «Por un lado, a mi infancia, que se desenvolvió en un medio en el que la problemática social era comentada con mucha frecuencia. Mis padres tenían un chigre, y por él pasaban gentes que habían vivido la República, la Guerra Civil y la etapa posterior. Era normal que estos trabajadores, con una clara conciencia de clase y de la situación, hiciesen comentarios. Eso me ayudó a generar en mi una inquietud. Por otro lado, también influyó el haber tenido la gran suerte de ir a trabajar a Mieres, el núcleo más importante de Asturias, donde se desarrollaron los acontecimientos de clase desde 1914, pasando por la República, hasta hace muy pocos años. El nivel de concienciación de los mineros de la Cuenca del Caudal impregnaba un poco la vida del resto de los obreros de la zona, aunque fuesen de otras ramas, como la del metal, que era la mía.»

Ya en esta primera época laboral, Juanín aprovechaba para leer cualquier momento libre, incluso los desplazamientos en tren de su casa al trabajo y viceversa. Este detalle le llama poderosamente la atención a un capataz de minas, con el que coincide a menudo en el trayecto y del que posteriormente se haría muy amigo. «Si usted es su madre, yo le quería como un padre», comentaría el día de su entierro.

Por aquel entonces, sus inquietudes van tomando cuerpo a medida que entra más en contacto con la realidad laboral. A ello le ayuda un compañero de trabajo, Lisardo Menéndez, que será quien le anime a ir más lejos.

Viene, luego, el paréntesis del servicio militar como voluntario, que corta su iniciación laboral y lo aleja de Asturias. Le toca Valladolid, y va destinado al servicio de Automovilismo. Allí, un compañero le presenta a una prima suya. Se llama Higinia Torre Patallo, es de Grado, y pronto entablan amistad, convertida en tres años de noviazgo y finalmente en boda, que se celebra en enero de 1964. A finales de ese mismo año nace Yolanda, que con el paso del tiempo se convertirá, por la fuerza de las circunstancias, en una niña que todo lo capta, increíblemente despierta, inteligente y con deseos de imitar a su padre, hasta el punto de que, a pesar de su corta edad, ya ha mostrado interés por la Unión de Juventudes Comunistas (UJC).

Si cuando Juanín entró en quintas aún no se había apagado el eco de las huelgas del 57 y 58 que abrieron brecha (20.000 parados, suspensión de tres artículos del Fuero de los Españoles durante cuatro meses y 200 despidos), cuando regresa de la «mili» pronto se ve envuelto en la huelga del 62, aún de mayor envergadura (60.000 parados, estado de excepción, 200 despidos).

Ambos acontecimientos, que sacuden de abajo a arriba toda la sociedad, y en especial a los trabajadores, que por primera vez comprueban como el sistema político y laboral cede ante la presión masiva, no pasan inadvertidos para Juanín, que empieza a profundizar en los problemas y a sacar conclusiones, si bien aún es pronto para integrarse de lleno en la lucha.

Los análisis y comentarios en torno a la huelga del 62, que inicia una nueva etapa en la historia del Movimiento Obrero, no escapan a su avidez de aprender. Lee todo lo que puede, todo lo que cae en sus manos, y nace en él un deseo de llegar más lejos, de ir a las fuentes. Los primeros contactos de su búsqueda los establece con el PSOE, pero pronto se decepciona ante su falta de conexión con la realidad y por su anticomunismo enfermizo.

Un día, su compañero Lisardo y él, que han oído hablar muchas veces a favor y en contra del Partido Comunista (PCE) deciden enterarse directamente de qué es y qué pretende. El primer contacto no surte el efecto deseado, pero posteriormente la mala impresión se desvanece y se inician charlas esporádicas, con la natural reserva que imponía la clandestinidad de aquellos años.

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