La vida de Juanín
«Este coche te mata»

«Este coche te mata cualquier día. Vete con cuidado», le había dicho Espina, representante sindical de La Camocha, pocas fechas antes de su muerte.

Tras el breve paréntesis de las fiestas navideñas pasadas con su familia («que días tan felices -dijo entonces-; hacía tiempo que no disfrutaba de un descanso así»), reemprende su actividad.

El domingo, 2 de enero, estaba citado a última hora de la tarde con Gerardín; ambos tienen que trasladarse esa noche a Madrid para asistir a una reunión de Comisiones Obreras. Al final de la mañana, tras resolver algunos asuntos en Gijón, se reúne con su familia en La Frecha, sin acordarse de que había quedado con un compañero en ir al fútbol. Es uno de sus típicos despistes. Después de comer, sale al bar de enfrente, se encuentra con dos amigos y juntos deciden dar una vuelta en coche por el cercano Valle de Huerna.

Ya de regreso, bajan despacio, charlan animadamente, dejan atrás las curvas más peligrosas, están casi llegando. Caen las primeras gotas, Juanín toma una curva más, pisa el freno, pierde el control del coche, y el Seat 850 se precipita dando tumbos por un desnivel de 30 metros. Un árbol les detiene ya casi al final. Los compañeros, en una de las vueltas de campana, han salido despedidos por el cristal trasero, pero sólo sufren diversas magulladuras. Juanín corre peor suerte: su cabeza queda aprisionada entre el coche y el árbol. Resulta desnucado. Cuando más tarde se presenta su padre en el lugar del accidente, es casi de noche. La Guardia Civil impide bajar hasta el automóvil. Eloy pregunta quien es el muerto y le dicen que lleva chaqueta marrón y pantalón de pana. No hay duda: es su hijo. Las seis de la tarde, Juanín son dos ojos muy abiertos o cerrados para siempre, quietos.

<< anterior índice siguiente >>