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15.10.2004 El Comercio
Capitanes de octubre
 
Cinco poetas utilizan la revolución del 34 como pretexto para reflexionar sobre el mundo contemporáneo y sus experiencias
 
MIGUEL BARRERO/GIJÓN
 
Cinco poetas bastan para otorgarle empaque lírico a una revolución. Armando Vega, Manuel Martínez, Pablo Antón Marín Estrada, Vanessa Gutiérrez y David González utilizaron ayer los salones del Ateneo Obrero de Gijón como tarima desde la que rendir homenaje al «espíritu» que alentó a los asturianos a tomar las armas contra el Gobierno central en aquel ya lejano octubre de 1934.
 
Y lo que se recordó fue precisamente eso, el espíritu. Los sucesos acontecidos hace setenta años apenas inspiraron un único poema ('En la casa', de Gutiérrez), y ni los nombres ni las efemérides de aquel levantamiento se mencionaron en momento alguno de la velada. No era cosa de desempolvar libros de historia o viejos diarios, ni siquiera de discutir si la insurrección fue realmente un prolegómeno organizado de la guerra civil o si consistió, simplemente, en una contundente respuesta de parte de un pueblo hacia un Gobierno que no le agradaba.
 
Sí se trataba, por contra, de utilizar los principios ideológicos de aquella revolución, de reciclar los ideales que trataron de encumbrarla para reflexionar sobre sentimientos y situaciones más actuales y cotidianos. Lo dejó claro Armando Vega, quien abrió el fuego recordando «el silencio que observábamos los niños después de la guerra civil» para, acto seguido, dar un triple salto mortal hacia el 11-S, la senilidad de Pinochet y la «vergüenza» del muro de Sharon.
 
«Inutilidad»
 
Manuel Martínez, profesor jubilado y poeta inédito, recitó acerca de la «inutilidad de las palabras para expresar ciertos estados de injusticia», «ciertos organismos voceros del poder y del dinero» o «los asesinatos y persecuciones». Marín Estrada, más lanzado hacia el presente, puso sobre la mesa dos «declaraciones de principios nacionales apátridas» y rindió su particular tributo «a la raza de supervivientes del campo, de la que procedemos todos».
 
Vanessa Gutiérrez prefirió la experiencia a las abstracciones, y con 'Cantos de llobos' explicó a los presentes «cómo me enseñaron a vencer a las fieras y los miedos que están a nuestro alrededor». 'Manos' y 'Otra persona que no soy', por su parte, pusieron de manifiesto el hecho de que «el ser humano nunca se encuentra satisfecho del todo».
 
Los últimos versos corrieron a cargo de David González. Y fiel a su vena tan irreverente como gamberra, cargó contra las multinacionales o las cárceles franquistas.
 
Después, utilizó su desgarrador 'Historia de España (nudo)' para echar el cierre a una poética noche de octubre.
 
 
   
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